No había otra opción, sólo 48 horas de escala... Y definitivamente valió la pena, claro quedas con ganas, y sin duda tendremos que volver, aunque creo que New York es una de esas ciudades a las que siempre quieres volver. Las condiciones no eran de las mejores, escala de 48 horas, dos maletas que dejamos en un depósito de equipajes en el aeropuerto, lo que fue una decisión super acertada.

Paseo por el barrio chino, desayuno en Cup&Saucer y de ahí a la 5th Avenue! Por ser la primera vez en New York y con tan poco tiempo no podíamos saltar el Empire State Building, y así nos entregamos a las alturas. Seguramente es mejor subir al atardecer y ver como las luces emergen en la ciudad, pero la verdad no estuvo mal disfrutar a 360 grados la panorámica de la ciudad.


Si, definitivamente una novatada de turista distraídos. En medio del cansancio, y el temor de perder las entradas decidimos irnos igualmente (recordé la excesiva gentileza de los gringos, seguramente comprenderían la situación, realmente deberían estar acostumbrados). Una hora después, ya casi dos horas de retraso, la mujer en la taquilla nos miró feo, pero nos hizo pasar, en realidad el horario es para tratar de mantener un equilibrio en las visitas. Finalmente estabamos ahí con Anita que hacía cientos de preguntas, sorprendida con la mujer Estatua de la Libertad, escuchando su radio guía.
Regresamos al hotel Wyndham Garden en Chinatown, super limpio y cómodo, cena en un pequeño rest. chino, y finalmente a descansar.
Lo que realmente me sorprendió de New York es que ya la conocía, sin nunca haber estado allí ya conocía buena parte de su encanto, definitivamente es como estar en un set cinematográfico. Almorzamos un clásico hot dog, y pasamos la tarde paseando entre vitrinas ya agotados y a la espera de un largo vuelo... La aventura apenas comenzaba...
Respecto a la gentileza americana: a cada persona que le preguntábamos una indicación amablemente se detenía a respondernos, buscaban en sus smartphones indicaciones para darnos referencias exactas. A Anita le regalaron una donut en el primer lugar donde desayunamos, en el hotel cada vez que entrábamos y salíamos le daban una botella de agua. Tal gentileza me hizo reflexionar y prometí ser gentil con los próximos turistas olvidadizos y perdidos que me pregunten una dirección.
Anécdota: Anita 3 días después: Por qué yo tengo que hacer siempre lo que uds dicen? Porque no puedo hacer lo que yo quiera? Entonces qué es la libertad? Yo fui a la Estatua de la Libertad, ahí todos podían ser libres y hacer lo que querían. :-/ Anita tiene sólo 5 años.
1 comentario:
Eso no es vida.sino vidaza.q fino q la has pasado súper
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